Adultos o niños, a todos nos encanta la pasta. Espaguetis, twists o conchas, simples, con salsa de tomate o salsa blanca, todos son tan deliciosos y nutritivos como los demás. Además, se pueden comer como plato principal, en una ensalada o como guarnición, y su rápida y sencilla preparación no hace más que aumentar su atractivo: basta con hervir agua, añadir la pasta de vez en cuando y ¡listo! Eso es todo !

Pero muchos ignoran que cocinar la pasta, a pesar de su facilidad, no es tan simple como eso… ¡Hay ciertas reglas a seguir y algunos gestos a evitar para poder disfrutar plenamente de su sabor!

Aquí hay una comparación entre el método correcto y el incorrecto para preparar pasta:

La forma más habitual de preparar la pasta es añadirla a agua hirviendo con sal y dejar que se cocine durante unos minutos. Una vez suavizados lo suficiente, se filtran y se reservan hasta que la salsa esté lista. Es más, muchos de nosotros, además de tirar el agua de la cocción , llegamos a enjuagar la pasta con agua dulce para eliminar la capa blanca ligeramente grasosa que se forma al final de la cocción. Finalmente, añadimos nuestra salsa encima de nuestra pasta caliente, y tal vez también un poco de queso.

Sepa que este método tiene varios puntos negativos : primero, el agua de cocción que eliminamos contiene la mayor parte del sabor de nuestra pasta, y dejar que se enfríe mientras se finaliza la salsa la vuelve demasiado blanda y pegajosa.

Para preparar una buena pasta llena de sabor, aquí tienes cómo hacerlo:

Hierva un poco de agua, baje el fuego y agregue una pizca de sal y una hoja de laurel para obtener más sabor. Vierta su pasta en el agua hirviendo, pero no olvide volver a encender el fuego debajo de su olla de pasta, sin taparla. Remueve de vez en cuando con una espátula de madera, o un tenedor para pastas largas, para que no se peguen. Es imprescindible respetar el tiempo de cocción indicado en el envase para evitar que la pasta se ablande demasiado.

Una vez listos, escúrrelos, reservando un poco del agua de la cocción en un recipiente aparte, luego agrégalos directamente a tu olla de salsa, que habrás preparado previamente. A fuego lento, hierve tus dos ingredientes por un minuto, para que tu pasta absorba más salsa. Para más sabor, agregue medio cucharón de agua de cocción a su mezcla y deje que se reduzca.

En cuanto tengas la textura de salsa que más te guste, añade una cucharada de aceite de oliva y queso rallado. Una vez derretidos estos últimos ingredientes, retira la sartén del fuego y termina con un pequeño toque de hierbas aromáticas recién cortadas. ¡Ahí lo tienes, todo lo que tienes que hacer es servir y disfrutar! ¡Buen provecho!